noche, destino, fatalidad

La noche era oscura, su mente se perdía en las sombras, su alma no encontraba lugar en el tumulto de sentimientos y sentidos aturdidos.

El daño se produjo, el no pudo evitarlo.

Cayó en la cuenta de lo ocurrido, su espíritu, que aún no encontraba sitio, tampoco halló consuelo. Se ahogó en el llanto, en el odio, en el desprecio de su propio ser. -Nunca más- pensó. -Nunca más- dijo. -Nunca más- escribió. -Nunca más- clamó al cielo que, aún sombrío como sus pensamientos, cubría su mundo asfixiándolo con malicia.

La mañana llegó, aún mas triste que la noche. Con ella trajo algo de luz a su mente. Pensó, como pudo, el odio lo invadió nuevamente. Huyó a su mundo, se apartó de todo, o quiso hacerlo, antes debió enfrentar la realidad, ¿la ajena talvez?, aún hoy no podría saberlo.

Hoy pide a gritos comprensión, hoy exclama con toda su alma ¡NUNCA MÁS!, hoy no conoce razones, hoy se castiga sin sentido, hoy pide perdón y se sabe inocente.

Su ser, sensible, incomprendido, frágil, fue dañado. Su ser sufrió por estar donde no debía, el no abandonará su mundo, Nunca más.

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