…opio 2

…Pero basta un detalle, pequeño e imperfecto, una falla apenas perceptible (pero no por eso menos cruel), para que todo se desvanezca, en segundos. Para que la belleza me abandone de súbito, y todo vuelva a ser gris.

Es extraño. No hablo del hecho de volver a la oscuridad: por mucho tiempo que pase lejos de ella, me sería imposible deshacerme de la costumbre de toda una vida bajo su arrullo narcótico y voraz. Hablo de las formas que toma esta para no permitirme escapar de sus garras. De su insistencia.

Mi mente busca, encuentra, y se fija en el error más insignificante, lo vuelve inconmensurable, me regresa a las tinieblas.

Tal vez sea por eso que no acudo a él siempre que lo deseo, por lo dura que puede ser la caída. O, porque mientras más me ilusiono con la idea de poder conservar esa belleza para mí, y más cerca me siento de ella, menos tardaré en encontrar ese detalle, o hasta en crearlo, para evitar que la luz permanezca en mi vida.

Así voy, de las sombras imperecederas a mi efímero instante de luz, sin que ningún estado sea totalmente real. Sin poder ver la realidad, sin poder acercarme a ella.

Ahora pienso en parar, que sería lo más sensato, ahora puedo pensar. Pero sé que más tarde este pensamiento va a cambiar, embriagado de hermosura. Y el ciclo seguirá. Mientras yo le permita seguir. Seguirá…