muerte

Sentir el olor de la muerte, en el aire, en el suelo, en sus bocas. Saber que es inevitable, indiferente y exquisitamente inoportuna. Pero no basta con saberlo, conocerla, desde adentro y afuera, desde lejos, mirar con desconfianza, con desprecio, con odio, añorar, desear, llorar desconsoladamente, gritar, rasgar la tierra y la carne que pronto será tierra, tal vez matar, tal vez, o simplemente morir…

Lo cierto es que no lo conozco aún, ni creo jamás poder alcanzar certeza alguna. Puedo intuirla, engañosa, taimada. Puedo saber, o pensar, sus trucos. Evocarla en su eterno regocijo, su desazón inagotable. Su crueldad inapelable, sobre la risa y el llanto, el amor y el deseo.

No estoy interesado en conocer, por ahora solo quiero quitar este olor de mis manos.

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