cambio de aire

Dejando atrás lentamente el invierno, las mañanas heladas, los cielos grises, el aire que hiela calando los huesos, el sol ausente y la nieve ocasional, aunque, mayormente, simple aguanieve. Se acerca la primavera y con ella sus encantos. Lejana en el calendario, no se deja detener por las fechas, ella avanza y ya se puede sentir en el ambiente. El sol arde más fuerte, los árboles toman sutilmente algo de color, se respira dulzura en el aire, se respira falsedad.

El aroma dulce de las flores, el canto de las jóvenes criaturas que reconocen en el cambio de clima el acercamiento de eso que tanto han esperado. Qué esperan? No los comprendo, yo solo percibo esas ráfagas almibaradas de hipocresía. La mentira que se esconde tras la belleza aparente estos días tan resplandecientes, que hierven la sangre y hacen marchar las mentes inertes (lo que por naturaleza es estático, así debería permanecer, por el bien de todo lo bueno y bello), de las risas que en breve serán, porqué así debe ser, lágrimas que corten la pureza de una noche espolvoreada de estrellas y coronada por ella, la errante, la luna.

Reconozco, sin desearlo, en estos días, la alegría que flota inalcanzable e inacabable, irreal. En ese punto radica mi desconfianza. En el goce y el júbilo se basan mis dudas, en el saberlos falsos. Y, mientras escribo, respiro, y tornan en certezas.