tres

Y vuelvo a ser un niño…

Cada vez que me encuentro teniendo que mirar de frente una situación socialmente comprometida, o de una trascendencia singular. Me comprimo. Física, mental, moralmente…

Siempre me pasa lo mismo, y termino enojado con valla uno a saber que fuerza mística en la que segundos antes no creía, pero que aparece como un magnífico receptáculo de culpas.

Además, la gente no ayuda. ¿Es necesaria tanta crueldad? Realmente no comprendo.

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