almas

Si debo sacar adelante 9 almas distintas, ¿qué tan lejos puedo llegar? Son decenas de amores que se multiplican y son cientos ya. Cientos de cariños diferenciados. ¿Cuántos rostros hay? ¿Soy yo alguno de ellos? Miles de preguntas que se cruzan y rebotan en las paredes de carne cansina para volver a encontrarse y oponerse, y repelerse con mayores fuerzas. Preguntas que son todo lo que tengo por momentos, aunque en realidad no tengo nada. Son nueve, diez, veinte almas las mías. No pueden todas salir adelante, no puede ninguna de ellas realmente ser. Una, la sombra de un libro ya perdido en mi pobre memoria, se asemeja a la de un hombre lejano y triste en algún país de Sudamérica. La que yo pienso rusa, y a veces tan mía, es apenas un invento febril de mi mente, que aburrida del mundo quiso sentir diferente y cayó rendida y patética a sus pies. El alma dictatorial, ese ser déspota y tiránico que puedo representar, resulta ser un reflejo de las crueldades del mundo en mi sensibilidad. Mi ser sensible es, sencillamente, una farsa, una mentira burda y simplista. Mi naturaleza simplista no es tal y se opone a mi realidad seudo-sofisticadora, que avasalla todo intento de concretización de cualquier oniricidad que deambule dentro de mí.
Esas, de entre mis almas errantes, se dejan inferir y ser escritas.
La combustión de mi espíritu ante esta o aquella muchacha; mis ojos húmedos, la piel encrespada, el corazón ignífero, la mente afiebrada y convulsa: sólo teatralización de mis almas penosas. Y si quiero a L o a T es lo mismo, porque para cada una seré otro y el amor será el mismo en ambos casos, no habrá constancia y a la larga caeré en la resignación sin darme cuenta de que fui yo quien viró el rumbo de las cosas en el preciso momento en que todo el juego se acercaba al clímax definitorio. Y entonces L, T, o V, y hasta G o S (¡sí, S!), o quienquiera que fuese el receptáculo de mi falseada pasión-melancolía, se alejará sin resentimiento ni culpa, ni aún advirtiendo lo que pudo ser. Si es que algo alguna vez puede ser. En eso coinciden mis almas: nada que no sea pudo ser. Pero tal vez no lo hacen todas, ya que algo me impulsa a la duda.
Y el odio, ¡oh, el odio! Se manifestará inexorablemente sobre mis almas más frágiles, y sobre todo aquel que cobre importancia en mi territorio onírico. Así que tanto F como S, también G y C, todos serán víctimas del mismo sentimiento. Pero no serán jamás victimizados. Eso lo reservo para mí.

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