corto -brote de filantropía I-

Mi sensibilidad hace a mi misantropía; el mínimo roce de la realidad acre del mundo me transporta al rencor más acérrimo. Pero esa misma predisposición del espíritu me puede llevar a una, quizás mal llamada, filantropía. (Al fin y al cabo estoy convencido de que entre ambas posturas no hay mayores diferencias sustanciales).

Aquel hombre me hablaba con tristeza, tal vez con una pesadumbre cansina, y me hablaba de poesía, de escritores, de publicaciones. Entonces tomé la revista -tomé dos revistas- entre mis manos torpes en la farsa, ojeé los poemas sin leerlos bajo aquella luz ensimismada, le temí a aquellas letras nóveles edulcoradas con pretensión estanca, comenté, pregunté y repregunté, pero el tono no cambió, no podía yo hacer nada. Sentí mi alma encogerse y mis ojos querer lagrimear. La voz del hombre triste de letras tristes me hería muy hondo. Tuve que huir.

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