en el reino del color…


-Texto inspirado en la ilustración de Sara Lew (http://microrelatosilustrados.blogspot.com/)-
[Esta es la versión “larga”; en el blog de Sara se encuentra la versión recortada, que en verdad es casi igual]

Un día cayó un libro en el Reino del color. Pese a que lo hizo en un lugar apartado, casi perdido, fue descubierto por los Habitantes del Color. Pero ninguno quiso acercarse a ese objeto seco, triste y oscuro, que contrastaba tan vivamente (o más bien lo contrario) con los paisajes y las gentes del Reino. El libro, con el tiempo, inspiró innúmeras leyendas, y se convirtió en objeto del temor de los habitantes del reino. Fue por eso que el joven Rey del Color eligió, sin saberlo, un fin esencialmente literario para el libro: ordenó construir a su alrededor un vasto laberinto.

Largos años permaneció el libro, cada vez más triste, enterrada su portada en las tierras multicolores, rodeado de un bosque infranqueable de rojos, violetas y naranjas. Largos años que llevaron al Rey a tener una Reina y un hijo, y a Ylber, el hijo, a tener edad suficiente para salir solo, y a hurtadillas, del Palacio Azul, y pasearse por las calles y desviarse hasta los campos del reino. Así fue que el joven príncipe llegó una tarde, sin buscarlo, al amplio laberinto que se alzaba muy lejos del castillo y de la ciudad.

Ylber, como buen príncipe rebelde que era, se adentró con decisión en la construcción. Tras andar algunas horas dio con el centro, mas no hubiera sabido decir cómo fue que lo hizo. Sabía que estaba completamente perdido pero la visión del legendario objeto fue más fuerte que su desasosiego. Pese a algunas dudas de último momento, tomó entre sus manos el oscuro tomo. Vio que en su tapa resplandecía modestamente la palabra “Alicia”. Finalmente, tras tan larga espera (tan larga que fue larga para un libro), el libro fue abierto por el joven Ylber. Él leyó lo primero que encontró al abrir las páginas, no comprendía nada pero misteriosamente esas letras lo atrapaban, las palabras, una a una, se iluminaban, y el libro, pese a que exteriormente no lo demostraba, fue adquiriendo infinidad de tonos y fulgores desconocidos para el Príncipe del Color. Pronto entendió cómo debía leerse la historia, y su viaje con Alicia fue doble. Leyó y leyó, abstraído del mundo y sus colores, de las horas que pasaban, de las cálidas paredes que lo rodeaban. Cuando terminó de leer, con el corazón henchido de gozo, descubrió sobre su espalda unas hermosas alas y voló de regreso hasta el Palacio Azul, con el resplandeciente libro bajo el brazo.

Anuncios

4 comentarios en “en el reino del color…

  1. Se ve muy bien, pero es por mérito de Sara Lew.
    Escribí bastante en otro blog, pero no funcionó. Voy a volver a asentarme aquí.
    Ah, ¡y el nombre es RNDR (o Nahuel)! Issilmë Ilcalassë es una frase que significa “bajo la luz resplandeciente de la luna” (en Élfico Quenya), cuando comento en blogspot me identifica por el nombre del sitio.

    ¡Saludos, Enmascarado!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s