…del padre, del hijo, del espíritu…

Un fogonazo, luz adhiriéndose con fugaz pasión, la imagen plasmada en forma autónoma, singularmente única y real, prodigiosa y fatal. Las tres figuras, los tres conceptos se conjugan en la fotografía iridiscente, el ser que da vida y la moldea, el otro ser, que es resultado de la manufactura de los errores que siempre pueden más, y, finalmente, el verdadero producto bifásico de la unión, ese fantasma de caras tan diversas, que no se sabrán jamás partes del mismo ente espectral…

En fin, la paternidad es un juego peligroso. A no joder.

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