didascalias para un personaje de humo (escena uno)

La escena será, por sobre todo, oscura, sombría, equívoca. Las formas de todos los elementos estarán confundidas al punto de parecer una sola mácula informe y parda. Deberá dar la impresión de ser una especie de desván, sin serlo.

Un solo personaje ocupará la escena desde el comienzo: nuestro Personaje de Humo. De a poco irán entrando, como por error, equivocados de camino, los Personajes Reales.

El Personaje de Humo viste de tela oscura y pesada, sus ropas son demasiado sueltas. Sólo se ven su cara, sus manos y sus pies descalzos, su cabeza está tapada por un gorro también oscuro.

Personaje de Humo: (Levantándose lentamente desde detrás de una pila de objetos indescifrables, luego caminando lentamente por entre el decorado. Habla en voz baja, abstraído, y como retomando un soliloquio abandonado.)  …decidirse, decididamente, a tomar una decisión, eso sería… mmm… sería, sin dudas, eso, sin dejar espacio a la duda, sería, sin la duda… pero sin duda una decisión no es tal, ¡nunca! Sin duda una decisión es simplemente una acción… sí, debe haber encrucijada, debe haber problema, debe haber conflicto; ¡esa es la palabra, conflicto!; debe dejarse de lado, debe estar el abandono como padre… no, como padre no, como matriz, eso, como matriz de la cosa… ¿Qué cosa? Eso, la cosa, toda cosa, toda consecuencia, todo camino elegido, toda cosa, toda hija de la indiferencia. La Indiferencia es la Madre de todo lo que es.

Se oye un ruido que viene desde detrás de escena y el Personaje de Humo detiene su perorata, apurando la última sentencia, restándole atención. Se para y escucha, atento. Aparecerá un Muchacho, casi un niño, como perdido.

Muchacho: (para sí, rotundamente) No sé qué hacer, estoy perdido.

Personaje de Humo: (Cambiará su tono de voz por uno forzado, como queriendo ocultar el temor.) ¿Te has extraviado, pequeño?

Muchacho: No me llame pequeño, ¿quién se ha creído que soy?

Personaje de Humo: (Divertido) ¡Oh! Lo siento tantísimo, no he querido faltarle el respeto, señor. He de preguntarle nuevamente, ¿se ha usted perdido, caballero?

Muchacho: ¡Se burla usted! Pero mi miseria es tal que no permite que me sienta ofendido. Estoy perdido en oscuras tribulaciones…

PH: ¡Para eso estamos aquí!

M: ¿De qué habla?

PH: ¡De aquí, usted ha de saber lo que es aquí, señorito!

M: A decir verdad… no tengo idea. Señor.

PH: Pues así será mejor para usted. Sí. Asumo que ha llegado sin proponérselo… Es usted realmente joven para hallarse aquí. En este aquí, quiero decir…

M: No entiendo nada de lo que dice. ¿Qué es este lugar? ¿Quién es usted?

PH: ¡No sabe cuánto preferiría que no preguntara, señorito! Este lugar es un no-lugar, está claro eso. Y yo soy, a lo sumo, una alegoría, quizás incluso (con un dejo de envanecimiento) un paradigma.

M: No le entiendo…

PH: (interrumpiendo, ensimismado) Aunque algunos me acusarían de haberme autoinducido esta condición. ¡Ja, ja! ¡Aquellos que nada saben! ¡Ja!

M: (Aparte) A cada palabra le entiendo menos… (Al Personaje de Humo) Señor, me marcho.

PH: Pero, ¿cómo? ¡Si aún no ha solucionado lo que lo trajo aquí! ¡Aquí, y no a otro sitio!

M: ¿Qué cosa? ¿De qué habla?
PH: ¿Cómo habría de saberlo yo? Creo que ha dicho algo sobre estar perdido.

M: ¡Ah! ¡Sí, claro! Sí…

PH: ¿A qué se refería?

M: No puedo contarle.

PH: ¿Quiere que yo adivine?

M: ¿Podrá?

PH: Claro que sí. Hay un padre, una madre, o una muchacha, de seguro.

M: Una muchacha… ¿Cómo supo?

PH: ¿Qué otra cosa podía ser?

M: No sé… ¡Muchas cosas! Se me ocurre que el colegio, quizás…

PH: El colegio, claro. Pero, si lo piensa bien, señorito, el colegio sólo puede ser importante cuando encierra a una muchacha.

M: O cuando se les teme a los padres por su causa…

PH: ¡Es usted rápido! A ver, dígame entonces, ¿qué ocurre con esta muchacha? ¿Está usted enamorado?

M: ¡Y cómo no estarlo! Si ella es… ella es…

PH: (Interrumpiendo) ¡Sí, sí, sí! Ya sé lo que ella es… Es fácil adivinarlo cuando los ojos de un muchacho brillan como brillan los suyos. Lo que quiero que me diga es cuál es su problema con respecto a eso.

M: Y… ¿va usted a ayudarme? ¿Es para eso que está usted Aquí?

PH: ¡Oh! No, señorito. ¡De ninguna manera! Debí estar preparado para esa pregunta que me hiere, que me abre de arriba abajo y me da vuelta. No soy para eso Aquí. Digo, estoy. No es mi deber ayudar a nadie, sólo sucede que usted me agrada, señorito. Yo… le contaré, ya que insiste, qué hago aquí.

¿Habrá visto usted lo que es la duda, cierto? Eso que está sintiendo ahora mismo, eso que lo parte, que lo escinde como a un melón maduro, en dos, o en cuatro, en veintiséis… La duda es lo que lo trajo aquí a usted, y lo que me tiene prisionero a mí aquí, para siempre. Mi tarea… bueno, lo cierto es que no tengo tarea alguna más allá de dudar. De tanto en tanto me entretengo con alguno que, como usted, se viene por aquí. Cada vez llegan menos; es de temer. Ese hecho, junto con casi todo, es materia de mi entretenimiento, es decir, de mi rumia inagotable. En fin, eso es lo que estoy.

M: ¿Y no abandona nunca este lugar?

PH: Esto es un no-lugar, recuérdelo; le servirá.

M: Cierto, cierto… ¿Y de dónde llegó usted?

PH: Yo… quizás he sido un hombre, y luego un sueño, y luego yo. Pero eso no importa ya, ahora cuénteme

M: Bueno… ¡Estoy completamente enamorado! Temo decírselo a ella y quedar en ridículo. Es muy hermosa…

PH: Ah, ya veo… Teme, el señorito…

M: Temo. ¿Y qué tiene usted para decir?

PH: (se retrae un poco) Yo, bueno… (se contrae de forma muy notoria, su tono cambia de pronto, ahora es árido y sonoro, quizás metálico)  El temor es un arma contra la incapacidad, ¿sabe? El temor puede ser muy positivo, puede ahorrarnos innumerables penurias… El temor es uno de los caminos más populares hacia la buena duda, la cómoda, confortable duda… El temor es uno de los rostros más bellos del sentido común. El temor…

M: Pero, ¿qué hace? ¡Pensé que me ayudaría! ¡Intenta hacerme huir definitivamente!

PH: ¡Pero no, niño! Sólo déjeme llegar a mi punto… (para sí, con su voz) en algún lugar tiene que estar…

M: A ver…

PH: Gracias. Ha dicho que es linda, ¿cierto? Probablemente hermosa… Y que no sabe si decirle lo que siente o guardárselo para sí…

M: Eso es…

PH: (Interrumpe. De ahora en adelante el Muchacho callará, y asentirá quedamente a cada afirmación del Personaje de Humo. Cada asentimiento será un poco más enérgico que el anterior, luego serán tristes movimientos de cabeza). El problema, sí… que lo trae a usted a la duda, a la sana duda de la que todo lo bueno nace. ¿Sabía usted? No hay buena elección, y en rigor no hay elección ninguna, que no pase por la duda. Así que vamos a analizar un poco su caso: Usted es un jovencito… diría que tiene, ¿14 años? Bien, bien. Y ama a una muchacha… Tiene ella su edad, ¿cierto? Bien. Sabrá usted que las muchachas de esa edad rara vez se fijan en sus coetáneos…ellas siempre se interesan por muchachos mayores. Apostaría a que ella tiene algo con un muchachito más grande, ¿acertaría? Ya lo decía yo. Y usted pretende inmiscuirse… Y con ese aspecto… Perdone, pero… No es nada hermoso usted, lo sabe, ¿no? No es ni siquiera agradable. Quizás un poco simpático, nada más. Sabe a lo que se expone, ¿cierto? No es sólo al rechazo, a la vergüenza, a las risas, al desprecio de la muchacha y también del muchacho con quien se ve, sino al desaire de toda la escuela, las muecas de todas las muchachas, las  carcajadas de todos los muchachos, una catástrofe. Y ni hablar de la culpa que sentirá por haber insultado a esa pobre chica… Usted piensa que se ha ganado un derecho natural sobre ella por su condición de enamorado… (Exaltado) ¡Piensa que puede someterla al peso de su amor! Y, ¿sabe?, ella no tiene la culpa de su amor, ella no es culpable de ser hermosa; ¡usted no tiene por qué emplastarle su sucio amor en el bello rostro! (Expeditivo) Eso sería de un egoísmo atroz.

(El Muchacho calla, baja la vista, comienza a llorar en silencio).

PH: Usted debe saber mantener su lugar. ¡Es su deber como enamorado no ensuciar a su amada con sus íntimas repugnancias!

(Hace una pausa, mide con la mirada atenta el efecto de sus palabras, finaliza con un leve alzar de su cabeza.)

Ahora, vaya, conserve su pasión sólo para usted, cualquier otra cosa que haga será para mal. Mantenga su lugar, guarde los juegos para su mente, y todo saldrá bien. ¡Ahora, adiós, señorito!

(El Muchacho sale; el Personaje de humo queda solo, mirando el vacío sin expresión durante unos instantes; el Telón cae.)

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3 comentarios en “didascalias para un personaje de humo (escena uno)

  1. ¡Hola, Grecha, por aquí, hola!
    ¡Qué alegría me da recibirte acá después de tanto!
    ¡Gracias por la devolución tan favorable, me sorprende y regocija!

  2. Tuve que buscar didascalia en el diccionario y tampoco sé si corresponde que escriba acá,o me estoy mandando un moco. Lo que sé es que me gustó mucho y quiero saber cómo sigue la historia.Me dan ganas de seguir leyendo …

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