otro andar presuroso o quizás el mismo

Salió del bar con un dejo de duda en el andar, el paso que siguió al paso fue ralentizándose, casi que casi se refrena, un poco más y él se plantaba, se quedaba en el lugar, bajo las sombras calmas, o quizá hasta se pegaba la vuelta, empujaba la puerta del bar con el hombro y clamaba, una más y después vemos. Pero el paso no se detuvo, el pie toco el suelo y otro paso le siguió y a este otro y así llegó al medio de la calle primero y después al otro lado, por el callejón cortando camino, oliendo feo, pisando escoria, ladeando el paso pero apretándolo paso a paso, paso a paso más ligero. La premura delataba, o habría delatado si algún testigo hubiese habido. Pero qué podría haber dicho ese paso tras ese otro paso apenas menos apurado, quizá poco no más que esto: me lleva el apuro la premura de un hombre indomable en su ansiedad, indomable para las baldosas flojas y las charcas traicioneras, los gatos y las ratas, las sombras inquietantes, me lleva, me arrastra conmigo delante, me arrastra a arrastrarla y a él, que no se puede la impaciencia de llegar y ver la hora de frente, con los pies bien plantados, el uno tras el otro, con la cabeza bien alta, la barbilla bajo la nariz como dos lanzas lacedemonias, los ojos firmes en los ojos de todos, la mano granítica aferrando. Aferrando va, los pliegues se pliegan al gran pliegue en el ánimo, el camino se pega al andar al apuro, no deja espacio para el hambre o el sueño, el ardor en la garganta, en la planta del pie tirante. Un dedo ya se tensa, anticipando. Sabe. La Hora no huye, no duda, no se casi detiene, la Hora aguarda como todas las horas en el zurrón del tiempo, su hora. Desde el cielo caen las sombras que se aprietan contra su brazo, contra su torso agitado, contra sus piernas y su paso, que no cesa en su persecución de sí mismo. Ya va a llegar, ya va alzar la mano y a saludar la hora; ya, tras este paso que sigue al que ahora sigue a este, o quizás a aquel otro, ya, la hora no tarda en llegar. Ella aguarda, y su paso que se acelera ya sin estremecimientos, ya sin casis, no pretende hacerla esperar más.

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