my dear, my own…

My dear, my own dear… Repite, vez tras vez la misma frase, igual cadencia, decadente melifluidad descendente. Y otra vez, my dear, my sweet dear, my very own… Las pieles arrastradas por el suelo alfombrado azul. Azul, blue sky, variedad de movimientos, lengua danzarina, humectante, plateada de luz concentración, blue sky, open mind, fly away little bird, oh, oh, oh. Pero todo ahora es my own dear, sweet dear, un no me dejes, constante, en la no delectación recuerdos del pasado, lengua de plata humectante, fresca y ardiente, blue bird, flying away, en mi boca little sky, una más no me iré, I won´t fly away. Y bailábamos, y yo tocaba el piano, y ella cantaba pieza tras pieza y nos acostábamos exultantes y plateados sobre la alfombra azul que era blue sky, I won’t ever leave you. Las pieles manchadas sobre la alfombra ruinosa, my dear, la sombra de los ojos derramándose sobre el pecho desnudo, las luces no brillan, su lengua empastada repite my dear, my own… I won´t fly away, I won’t ever leave you.