noche, destino, fatalidad

La noche era oscura, su mente se perdía en las sombras, su alma no encontraba lugar en el tumulto de sentimientos y sentidos aturdidos.

El daño se produjo, el no pudo evitarlo.

Cayó en la cuenta de lo ocurrido, su espíritu, que aún no encontraba sitio, tampoco halló consuelo. Se ahogó en el llanto, en el odio, en el desprecio de su propio ser. -Nunca más- pensó. -Nunca más- dijo. -Nunca más- escribió. -Nunca más- clamó al cielo que, aún sombrío como sus pensamientos, cubría su mundo asfixiándolo con malicia.

La mañana llegó, aún mas triste que la noche. Con ella trajo algo de luz a su mente. Pensó, como pudo, el odio lo invadió nuevamente. Huyó a su mundo, se apartó de todo, o quiso hacerlo, antes debió enfrentar la realidad, ¿la ajena talvez?, aún hoy no podría saberlo.

Hoy pide a gritos comprensión, hoy exclama con toda su alma ¡NUNCA MÁS!, hoy no conoce razones, hoy se castiga sin sentido, hoy pide perdón y se sabe inocente.

Su ser, sensible, incomprendido, frágil, fue dañado. Su ser sufrió por estar donde no debía, el no abandonará su mundo, Nunca más.

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su mundo

Desde su mundo miraba, observaba y se asombraba. La humanidad le causaba gracia. Ese ir y venir constante de criaturas no podía ser pasado por alto fácilmente. A todo momento se encontraba rodeado por ellos, envuelto en su mundo de extravagantes frivolidades, pero nunca formó parte de ese universo vacuo y brillante, el siempre se mantuvo al margen, apartado, observando desde lo alto. Había momentos en que el tener que inclinar la cabeza para presenciar o participar de un acontecimiento de este mundo ajeno al suyo realmente lo irritaba, tanto que lo llevaba al límite de la locura. Por eso permanecía encerrado en su realidad, disfrutando de su territorio aunque no tuviera con quien compartirlo, sin bajar donde todos reían y lloraban sin sentido. Alguna vez creyó distinguir entre estos seres a uno de los suyos, pero siempre terminó desilusionado, odiando a esa persona tanto o más que a las demás, odiándose a si mismo por dejarse engañar.
Su vida, su mundo era una fortaleza inviolable, nadie nunca entraba en el, aunque pocas veces alguien lo había intentado.