monster

El pequeño monstruo abrió los ojos, alzó la vista, tanteó el aire con sus bestiales manos, no comprendía. ¿Dónde estaba? Los colores aparecieron frente a el, miró por primera vez, vio esos ojos llenos de amor y también dolor. Ahora comprendía, se lamentaba, a eso había venido, por eso estaba allí. Lloró, y aún hoy las lágrimas silenciosas resbalan por su rostro.
El joven monstruo llora, sin encontrar otro resguardo del dolor que esos ojos que le hicieron comprender los motivos de su existir, el llora y al hacerlo cumple con la misión que tomó como propia y no quiere cumplir.
El joven hijo monstruo ahora pide perdón y agradece, porque eso es todo lo que el puede hacer. El, aún, pequeño ser continúa llorando, y sabiéndose culpable e inocente, conociendo el dolor que causa su condición, y el amor que engendra su triste corazón.
El pequeño y monstruoso ser intenta huir de si mismo, corre, no puede volar, no quiere, corre, se arrastra, no lo logra, -¡Auxilio! – aúlla, y ahí estás vos. Siempre.

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Esto salió en un momento horrible, se puede adivinar por lo terrible de la redacción. No importa, feo y todo, es mi pequeño monstruo, y lo quiero por ser mío.

Sí, tal vez sea por que no me queda otra. Da igual.