effort

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“Society overrates effort”

La sociedad nos quiere hacer creer que todo pasa por el trabajo y la dedicación, que las dotes naturales son simplemente algo para explotar y un lugar hacia donde direccionar el empeño, que los grandes se hicieron, no nacieron, y eso es una gran mentira: se nace, siempre se nace.

El culto al esfuerzo y a la fuerza de voluntad es un invento burgués: espejitos de colores para el mediocre. ¿O alguien realmente piensa que es posible abandonar el estado de mediocridad mediante el empleo de una férrea fuerza de voluntad? Se puede llegar a ser un mediocre adinerado, tal vez, o uno exitoso, o querido: idolatrado por pequeños grupos de seres aún menores que uno, etc… Pero, en fin, un mediocre de todas formas. Y esto sucede, señores, porque la vendita mediocridad, en la que la mayoría de nosotros estamos inmersos, es una característica innata del hombre y es, a su vez, imposible de modificar. Por lo tanto resulta inútil batallar contra ella, pretender negarla ejercitando la paciencia, la memoria, la confianza y otras facultades menores que no hacen a la verdadera grandeza. (…)

Esto no es sólo un intento de justificarme en mi incapacidad de estudiar. De sentarme, al fin, frente a los apuntes y leer dos párrafos de corrido y al mismo tiempo pensar sobre eso y no sobre cómo formará Boca en el comienzo del campeonato… No es sólo eso… Es algo que pensé siempre y algún día quiero escribirlo (o sea, escribirlo bien, extenso y explicativo, no dejando cosas sin aclarar, como el tema del “invento burgués” que es un concepto que tengo en la cabeza y no puedo/quiero plasmar ahora, y que queda totalmente fuera de lugar acá)

En resumen, no quiero ni puedo estudiar, y, además, estoy en contra de eso. Pienso que lo correcto sería evaluar las capacidades, no el esfuerzo.

Namárië!

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muerte II (death, love and black powder)

Nuevamente la muerte y su fragancia, evocando, exultante, resolución, llegan a mi pequeña realidad aparente. Regreso a aquel lugar lleno de sombras y lágrimas, de culpas. Busco. El muerto me recibe jubiloso. Su mirada oculta tras los párpados hundidos suplica perdón, el mensaje, claramente, no es para mí. Lo observo con extremo respeto, luce presuntuoso, me gusta. Me despido con una leve inclinación de la cabeza.

Todos huelen igual. Me son extraños todos ellos, y comprendo que quien no encuadra soy yo. Al fin la veo, envuelta en aquel aire nauseabundo, me acerco y descubro que sigue siendo ella, detrás de las marcas de la muerte, su cuerpo se siente tal y como lo imaginaba. En puntas de pies enfrenta aquella unión fugaz, que mi débil mente inmortalizará. El abrazo dura algunos fantásticos segundos, transgrediendo mi deseo de eternidad. Tiernas caricias en la espalda, un fallido intento de segundo beso, palabras ahogadas por los nervios de vivir la conclusión de algo tan largamente ansiado envuelto en aquel aroma desgarrador.

Salgo, afuera el ambiente es diferente, percibo un suave olor a pólvora accionada. La esencia se hace más fuerte y llena mi pecho, ella camina junto a mí, la situación es realmente bella. Terriblemente bella.

Ya en casa, lejos de aquel vaho espectral, pienso en ella. Allí vuelve a mí aquel recurrente efecto narcótico, lo recibo con sorda reverencia. No imploro piedad, sé que sería en vano. Deseo llorar, lentamente lo logro. Quiero escapar, la muerte aparece como un destino apreciable; la busco en mis manos, no está, tampoco hallo en ellas el voraz olor de la pólvora: sólo su aroma prevalece, el tacto de su espalda suave, su cuerpo dócil contra el mío, la memoria de las puntas de sus pies que me llena de ternura y de amor, sí, de amor, un amor efímero e infundado, pero amor al fin.

Hoy enfrenté nuevamente a la muerte, pero sólo tu recuerdo persiste. Hoy tus fragancias fueron más fuertes. Ahora debo limpiarlas de mis manos.

merry anniversary

¿Habrán pasado ya dos años? tal vez tres… No parece mucho, pero sin duda, para mí es una eternidad.

No estoy seguro del tiempo que pasó, ni tampoco de lo que ocurrió aquella noche. Mi mente se pone casi en blanco, sólo recuerdo un espejo, grande, enorme, mi triste y borrosa imagen reflejada, me doy pena, aún hoy. Atrás, los veo a ustedes: vos , radiante, a tu lado, quién sería verdugo de mis sueños, que tan cercanos eran y yo no pude distinguirlos.

La imagen se disuelve, queda el vacío, en mi memoria, en mi pecho. Tu voz en el teléfono, fresca, una herida recién fraguada, horas y minutos me separan del recuerdo. Aún así, te oigo lejana ¿será por que lo estás? Tus palabras desganadas penetran en mí como pequeños dardos dorados, algo quiere dejarlos allí y en ese lugar permanecen, quemando, lacerando, decorando, tal vez, mi alma gris y desvencijada.

Vuelvo al recuerdo, esta vez no oigo tu voz, es la mía. Ríe, río, sueno extraño, molesto, desagradable, aborrecible, siento todo eso y sé que vos también, vos que estás ahí, acompañando mi risa nerviosa. Es de noche, no veo la luna, pero recuerdo que estaba allí. Tus ojos me evitan, los míos hacen lo propio, mi risa nerviosa continúa rasgando el recuerdo, como uñas en un pizarrón. Escucho lo que decís, no puedo creerlo, quiero gritar: ¡Te amo! ¡Te amé! Pero sólo alego demencia.

Vuelvo a este lugar, a recordar, sí, pero en este lugar, encerrado en el presente, en cada segundo que transcurre, en cada mirada que no prospera, en cada palabra que muere ahogada por la fuerza maligna que controla mi vida: el miedo. Miro mi pecho, allí están, relucientes, los dardos bañados en el oro de tu voz. Duele, mucho, pero cuanto menos me son útiles, puedo vanagloriarme de ellos, vivir de ellos algunos días, quizá más. Quizá más. Tal vez, en los peores momentos, tome estos pequeños nuevos amigos y remueva, con sus agudas puntas, la herida, ora profundizándola, ora haciéndola sangrar más y más.

Mi mente viaja nuevamente, otra vez el espejo, no, la noche y mi risa, se detiene, ahora oigo tu voz indiferente… Y ya no recuerdo más. Mis ojos se secan. Mi vida continúa.

muerte

Sentir el olor de la muerte, en el aire, en el suelo, en sus bocas. Saber que es inevitable, indiferente y exquisitamente inoportuna. Pero no basta con saberlo, conocerla, desde adentro y afuera, desde lejos, mirar con desconfianza, con desprecio, con odio, añorar, desear, llorar desconsoladamente, gritar, rasgar la tierra y la carne que pronto será tierra, tal vez matar, tal vez, o simplemente morir…

Lo cierto es que no lo conozco aún, ni creo jamás poder alcanzar certeza alguna. Puedo intuirla, engañosa, taimada. Puedo saber, o pensar, sus trucos. Evocarla en su eterno regocijo, su desazón inagotable. Su crueldad inapelable, sobre la risa y el llanto, el amor y el deseo.

No estoy interesado en conocer, por ahora solo quiero quitar este olor de mis manos.

…opio 2

…Pero basta un detalle, pequeño e imperfecto, una falla apenas perceptible (pero no por eso menos cruel), para que todo se desvanezca, en segundos. Para que la belleza me abandone de súbito, y todo vuelva a ser gris.

Es extraño. No hablo del hecho de volver a la oscuridad: por mucho tiempo que pase lejos de ella, me sería imposible deshacerme de la costumbre de toda una vida bajo su arrullo narcótico y voraz. Hablo de las formas que toma esta para no permitirme escapar de sus garras. De su insistencia.

Mi mente busca, encuentra, y se fija en el error más insignificante, lo vuelve inconmensurable, me regresa a las tinieblas.

Tal vez sea por eso que no acudo a él siempre que lo deseo, por lo dura que puede ser la caída. O, porque mientras más me ilusiono con la idea de poder conservar esa belleza para mí, y más cerca me siento de ella, menos tardaré en encontrar ese detalle, o hasta en crearlo, para evitar que la luz permanezca en mi vida.

Así voy, de las sombras imperecederas a mi efímero instante de luz, sin que ningún estado sea totalmente real. Sin poder ver la realidad, sin poder acercarme a ella.

Ahora pienso en parar, que sería lo más sensato, ahora puedo pensar. Pero sé que más tarde este pensamiento va a cambiar, embriagado de hermosura. Y el ciclo seguirá. Mientras yo le permita seguir. Seguirá…

opio…

Vengo de allí, de donde mis sentidos se entremezclan y agudizan, o se pierden entre las diferentes ráfagas de sentimientos que atraviesan mi ser. No es largo el camino, ni tampoco hay grandes obstáculos que me impidan visitarlo cuando y cuanto lo desee. Pero no lo hago, y no es por miedo a que pierda esa magia, ese no se qué, no es por eso, pienso, no pienso, sé, que esa cualidad única no se perderá, a menos que yo la deje ir. Es, más bien, por otro tipo de miedo, de miedos, muchos y variados. Miedos que se conglomeran en las puertas de mi razón, e impiden la salida de cualquier ente que pretenda atravesarlas. Es por eso que no lo visito seguido.

Pero me alcanza con golpear su puerta de vez en cuando, volver a penetrar en esa realidad alterna a la mía propia y a la de los demás, porque allí estoy solo, completamente solo, ya que ni a mí mismo me tengo: no soy completamente yo quien entra. Ni mucho menos quien sale: aquel de la sonrisa idiota, del canto a flor de piel, de la necesidad desaforada de correr sin rumbo. Ahora la sonrisa se va borrando, al igual que la imagen en la retina. Es curioso lo de la imagen: cuando estoy allí cambia, y lo se, estoy plenamente conciente de eso, al menos de eso, o cambia cuando salgo, cuando no estoy: idealizo. Pero eso no importa, la idealización no me preocupa en lo más mínimo, sólo me provoca curiosidad, y ni siquiera excesiva, no estoy para excesos, tal vez sea por eso que no vuelvo tan a menudo.

Lo recuerdo, la sonrisa vuelve, algo corre por mi espina dorsal, me estremece. La imagen, que parecía perdida, continúa grabada, distorsionada en su belleza, embellecida aún más, impertérrita. Bella, hermosa visión. Es ella, la hermosura, que en su resplandor inunda la esencia misma de mi ser. Ella es mi opio. Siempre inalcanzable, así, de esa manera, lo es y lo seguirá siendo.

“amigo”

Hola “amigo”.

Te escribo a vos. Te pongo comillas, sí, que esperabas? Pensás que sos mi amigo, así porque sí, porque es más fácil nombrar sin pensar que efectuar un correcto análisis antes de decir algo. Está bien, tal vez mis análisis no sean correctos, pero eso es un tema para otro momento. Lo que trato ahora de comprender es la amistad. Y te lo pregunto a vos, “amigo”, a vos que seguramente tenés muchísimos amigos. Pero no a mí entre ellos, porqué no a mí? Quién sabe. Yo, seguramente, no. Quiero decirte, en este día tan especial, que para mí no todo es tan simple. La amistad es un tema bastante conflictivo en el universo de mi magín. Todo comienza a la hora de establecer parámetros simples de medición: cariño, preocupación, química, tiempo, etc. Hasta el tiempo, que parece fácilmente medible, es bastante engañoso a la hora de instaurarlo como base para la construcción de algo concreto.

Se entiende mi dilema? Si no, no importa, no suelo hacerme entender.

El problema es que ya desde el comienzo se torna imposible una normalización del tema. Entonces me abandono a lo que me parece lo correcto, a pensar que la amistad es algo muy complicado, debe sentirse, y yo no la siento.

So, y’all are my “friends”.

Saludos Gei, mi amigo. Y a mis pocos “amigos”.

nieve

Nevó, y mucho. A lo menos mucho para este pozo desértico. No recuerdo una nevada tal. Es cierto que no llegó a juntarse la nieve, que apenas se agrupó tímidamente sobre los techos de los autos o donde hubiera algún montoncito de pasto triste, pero, mientras alcance para poder tomarla entre las manos y moldearla, sentir el frío insuperable en los dedos hasta no sentir ya más nada, mientras se pueda hacer un pequeño corazón de nieve y dejarlo en el camino, habrá suficiente, no mucha, ni demasiada, sino suficiente.

Sucede que es casi mágica. Tiene la capacidad de convertir cualquier sitio en un lugar fantástico, de ensueños. Y no es lo mismo salir a ver la nieve, abandonar el lugar común, verla en la montaña, ni siquiera en el parque, es otra cosa, el ver ese árbol, el que te saca de quicio porque larga esa cosa que mancha la vereda, ver ése árbol cubierto de blanco, lo transforma, ya no es más el árbol de mierda que sólo ensucia, pasa a ser algo mágico, maravilloso, bello realmente. Y, al mismo tiempo, sigue siendo el mismo, ahí está la magia de la nieve, es como rociar lo diario con fantasía. Es estar, aunque más no sea por un pequeño periodo de tiempo, en un cuento de hadas.

yo no creo

Todo es tan simple que se hace difícil aceptarlo.

La clave debe de ser el no creer, lo que lleva a la tergiversación del todo hecho masa y echado a rodar sin precauciones. Esa falta de la certeza incomprobable, del pensamiento-apensamiento inmutable, permanente, no articulable debe de ser la causa.

Yo no creo. Lo pienso, ¿por qué lo digo? Porque es así, no tiene sentido, el “creer” en si mismo. Por eso mismo lo pienso la clave, lo que puede marcar la diferencia. No he terminado de armar aún el pensamiento, pero lo veo como algo bastante probable. Igualmente, son variables no susceptibles a ningún tipo de medición, por lo tanto se torna cuasi quimérico el encontrar un sentido explicable y aplicable en esta realidad. Yo pienso, en este momento, en este lugar, este “yo” que soy ahora, que la clave puede ser o debe de ser ese “no creo”.

Se puede complicar un poco el asunto al diferenciar la creencia del pensamiento, pero no demasiado. En realidad en mi mente es bastante simple:

El pensamiento es articulable, maleable, cambiante, tiende a ampliarse y a progresar. La creencia es estática, no permite que la persona avance.

Las diferencias son muy marcadas y no demasiado complicadas, la idea en mi cabeza fue no irme por las ramas ni armarme de “peros” para salir a combatir mis propias maquinaciones. Cualquier otra idea sobre creer y pensar se dejará afuera ahora mismo y se tomarán solo las mías. Cualquier definición exacta se hace a un lado para tomar estas imágenes que proyecta mi cabeza absurda. Por capricho, sí, pero también con el fin de llegar a algún lugar.

¿Cómo pueden el pensar y el creer ser la diferencia esencial entre locos y estúpidos?

locos y estúpidos

Locos y estúpidos

Este mundo se divide de esa manera

Lo dije sin ningún pudor hace un tiempo, ahora lo leo y pienso que debo de haberme sentido Nietzsche, o alguien de ese calibre, para aseverar tal cosa de forma tan arbitraria.

Igualmente, aunque hoy no me sienta Friedrich, volveré a decirlo:

La raza humana puede ser dividida en dos clases de personas: Locos y estúpidos.

El por qué de tan categórica definición de la humanidad no se encuentra al alcance de mi razón en este momento.

A ver, intentemos racionalizar. No tomemos por locos a quienes el diccionario define como tales, ni a los que la psiquiatría atribuye este nombre, ni tampoco a los amantes de la “joda loca” (je, gracias Noelia por este término). ¿A quién tomamos por locos en este caso? Quien piensa es loco, pienso yo, quien crea, quien racionaliza los sentimientos, etc. A esos llamo yo locos, y los admiro. ¿Me siento yo a su altura? Quiero alcanzar esa categoría, sin dudas, no me pienso a su mismo nivel, sí más cerca de eso que de la estupidez. Tenemos que pensar que en la categoría de locos están los llamados “genios”, o sea: grandes artistas y pensadores. Es difícil ponerse junto a ellos; pero tampoco el ser “loco” te hace “genio”, son escalafones diferentes. Sobre los genios ya habrá mucho por decir en otro momento, no me adelanto.

De los estúpidos no hay mucho por decir. Se entiende bastante bien.

-Entonces, locos y estúpidos.

-Así es.